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domingo, agosto 14, 2005

Eres grande, Micaela

Una de las ventajas de vivir con alguien —además del abrigo natural nocturno— es tener a quién echarle la culpa cuando se pierden las cosas. Yo no soy muy dada a los números, pero la calculo que al día pierdo un promedio de media hora buscando cosas: las llaves del coche, los cigarros, el control de la tele, mi bolsa... en fin, cualquier objeto es susceptible de extraviarse y lo más frustrante del caso es no poder gritar:


—¿Dónde dejaste las llaves del coche?


En efecto, al vivir sola, ese grito carece de sentido pues nadie lo va a responder. Y no hay nadie a quien culpar de que la bolsa esté en el buró de la recámara y no en la sala como pensábamos.


Por eso me encantan los jueves. Y es que los miércoles viene Micaela a hacerme la limpieza. Como llega en la mañana, cuando por lo general yo estoy trabajando, ella se las arregla como puede para acomodar las cosas que estén fuera de lugar. Y entonces, al día siguiente, sí puedo gritar:


—¿Dónde carajos se le habrá ocurrido a Micaela guardar el tapetito del sushi?


Los jueves se duplica el promedio de tiempo dedicado a buscar cosas. Aunque tengo una alacena para recipientes de plástico y otra para vidrio, al parecer Micaela no distingue entre uno y otro material y guarda las cosas donde Dios le da a entender. Y supongo que ha de ser atea, pues por lo visto Diosito no le manda ninguna señal que le indique dónde va cada cosa.



Pero las cosas de la cocina no me preocupan mucho, pues sé que si no están en una alacena, estarán en alguna de las otras dos. O en el horno (donde por un tiempo le dio por guardar los botes de yogur). O en la puertita de la vajilla, donde en un principio guardaba los cubiertos, supongo que por pensar que, si en la mesa van juntos, igualmente deberían guardarse juntos. Incluso llegó a guardar trastes en el refri.


—Micaela, ¿por qué está esta olla en el refri?— le pregunté una vez que entré a la cocina por una coca, mientras ella terminaba de trapear la sala.


—Pus es que tiene cosas...


En efecto, el día anterior había hecho un espagueti en esa olla y después de usarla le eché agua para que no se pegara la salsa y fuera más fácil lavarla. La buena de Micaela pensó que esa sopa debería ir en el refri para que no se echara a perder.


Lo que realmente me quita el sueño es que un día desaparezca el control de la tele y me quede sin la posibilidad de cambiar de canal desde la comodidad del sofá. Y con la necesidad de soplarme los anuncios que, gracias al control remoto, ahora me puedo evitar. Por lo menos quitándoles el sonido.


Fuera de eso, tengo que decir que Micaela es grande y pedirle a Dios que me la conserve por mucho tiempo. Lo que le pago es sólo una fracción de lo que me cobraría un terapeuta que me aliviara la angustia de no poder gritar:


—¿Dónde pusiste las llaves, Micaela?


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Tienes razón en lo de la pareja, pero no creo que sólo sirva para echarle la culpa de que se pierdan las cosas. También cuando algo no funciona. Por ejemplo, cuando no le funciona la compu, mi chava siempre me pregunta: "¿Qué le hiciste?"

Cuida mucho a Micaela, que Dios te la guarde, como tu el control de la Tv. Ese si es dramatico que se pierda...

No te quedes callado

 

¿Quién soy?

  • Yo soy Georgina
  • de Mexico
  • Quisiera ser heteróclita e indefinible: no me gusta que me encasillen. Claro, la sociedad ya tiene una casilla bien definida para gente como yo. En todo caso, no seré yo quien se meta por su gusto en ella.

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