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sábado, agosto 20, 2005

La ví allá (4)

No sé porqué me enganché con Marisela. Bueno, sí sé, pero sería muy complicado de explicar. Creo que lo que más me gustó de ella fue su simplicidad. No se complicaba para nada la vida, muy a diferencia de Renata, cuyas angustias e incesantes cuestionamientos llegaron a colmarme la paciencia (de hecho, supongo que esos cuestionamientos fueron los que hicieron que me dejara para regresar con el novio con el que anduvo antes de conocernos). Y no es que Marisela fuera tonta; era más lista de lo que aparentaba y quizá su misma inteligencia le advirtiera que no se complicara la vida.

El caso es que esa noche en el bar del María Isabel me la pasé muy a gusto con ella. Por fin encontraba con quién platicar de los programas de televisión sin tener que hacer la crítica epistemológica, ni situarlos en el contexto ideológico-coyuntural. No me malinterpreten, no soy anti-intelectual, disfruto de un buen libro de análisis del discurso como cualquier persona. Tampoco soy fan de la tele. Simplemente me sentía liberada de la necesidad de asumir poses, como me pasa cuando estoy con mis amigas, a las que siento demasiado preocupadas por mantener su imagen de mujeres de avanzada, progres y lectoras de La Jornada, en pocas palabras. Además, sí, claro que Marisela se veía preciosa con el conjuntito que traía y yo estaba encantada de platicar ante una cara tan linda.

Me sentí muy cómoda y, como suele sucederme en esos casos, me dio un ataque de logorrea y no me paró la lengua en toda la noche. Pero a Marisela no pareció importarle que no soltara el micrófono; más bien al contrario, parecía deleitarse con todo lo que yo decía y creo que eso fue una parte importante de mi gancho con ella. Con el tiempo me daría cuenta que la admiración mutua desempeñó un papel muy importante en nuestra relación. Admirábamos en la otra lo que no teníamos: una verdadera atracción de los opuestos.

Sin embargo, me pasé buena parte del tiempo conteniéndome para no verme muy lanzada, muy ansiosa de saborear esos labios, de acariciar su piel y sentir el ardor que despedía en forma natural. Ya estaba escarmentada con esas relaciones relámpago y ahora tenía ganas de explorar antes de lanzarme. Esa noche, la neurona le ganó a la hormona y llevé a Marisela a su casa, donde la dejé sólo con la firme promesa de volver a vernos.


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Hola Georgina

Pase por aqui a saludar, despues de leer tu Post, no me queda mas que felicitarte por lo abierta que eres en cuanto a tu sexualidad y tus preferencias.
La diferencia es lo que hace que este mundo tenga ese sabor tan especial.
Yo en lo particular tambien soy admirador de las chicas guapas, pero solo eso, ya que mi "Domadora" ha llenado todo mi "Seso" con su presencia y su perfume y ahora jalo su Yunta, como diria la cancion

Felicidades nuevamente.

capitulo 4, va tomando forma. sigue por ahi...
Beso Gina

No te quedes callado

 

¿Quién soy?

  • Yo soy Georgina
  • de Mexico
  • Quisiera ser heteróclita e indefinible: no me gusta que me encasillen. Claro, la sociedad ya tiene una casilla bien definida para gente como yo. En todo caso, no seré yo quien se meta por su gusto en ella.

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