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martes, agosto 16, 2005

La vi allá (2)

Desde el momento en que la vi acercarse, supe que su nombre era peligro. Ella me dijo que se llamaba Marisela, aunque también le decían Daniela y algunas, más afortunadas, la habían llamado reinita al temblar en sus brazos. Los ojos acerados, la piel blanquísima, el pelo negro y una sonrisa que desarmaba cualquier argumento se me hicieron reconocibles y traté por todos los medios de encontrar en el caos de mis neuronas el recuerdo de haberla visto. Ya estaba llegando a los rincones más remotos de mi memoria sin haber encontrado nada, cuando ella misma se encargó de sacarme de dudas.



—¡Hola, ¡qué casualidad que nos volvamos a ver!—, me dijo con una confianza que después comprobaría que no sólo reservaba para mí—. ¿Te acuerdas, la semana pasada en Procter?


¡Claro! Ella fue la edecán que se me había acercado cuando estaba yo de ociosa en la barra aquella noche. De cerca se veía aun mejor: su piel era alabastrina, como hubiera dicho Agustín Lara de haberla conocido, y sus formas esculturales, como digo yo repitiendo un lugar común. Era más o menos de mi misma estatura y talla. "Mmm... podríamos compartir la ropa... eso es bueno", pensé, figurándome ya una vida en común.


—Sí, claro que me acuerdo. ¿Y aquí qué haces?


De inmediato me arrepentí de haber formulado pregunta tan boba. Era obvio, ¿no? La agencia la había enviado al evento de hoy, al igual que la envió al de la semana anterior. Pero yo siempre he sido muy tarada para iniciar conversación con la gente que me interesa y conscientemente evito la pregunta más idiota de la tarde: "¿Qué música te gusta?" (o su variante en boca de quienes quieren pasar por cultos: "¿Qué música te agrada?"). Afortunadamente, Marisela no captó el faux pas y respondió como si nada.


—Pues trabajando, ¿qué otra? ¿Y tú? ¿A qué te dedicas?


Su respuesta tan estándar me devolvió el aplomo. Después de unos minutos, calculé que había llegado el momento de pedirle el teléfono, "a ver si salimos a algún lado", a lo que ella respondió con entusiasmo. Ella misma me lo escribió en la agenda, por lo que pude notar el enorme círculo con que puntuó la i de su nombre. Recordé de mis estudios de grafología que eso indicaba inseguridad, proporcional al tamaño del círculo. Pero yo ya había apagado mi sistema de alarma y no hice caso a lo evidente. "¿Qué vas a hacer con una niña así?", me preguntó una voz en mi interior. "Ya lo verás", respondió sonriendo mi libido, "ya lo verás."


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OK ESPERARE LO SIGUIENTE, VA BIEN EL RELATO REAL. BESOS.

hi do u speak English/ you r beautiful!

Asi es, va bien el relato... por cierto como te gusta dejarnos en suspenso... tengo un par de preguntas sobre los parajes.
Georgina, que tenga un buen día

Tiene la dosis perfecta de todo el mini relato. ¿Continuará?

No te quedes callado

 

¿Quién soy?

  • Yo soy Georgina
  • de Mexico
  • Quisiera ser heteróclita e indefinible: no me gusta que me encasillen. Claro, la sociedad ya tiene una casilla bien definida para gente como yo. En todo caso, no seré yo quien se meta por su gusto en ella.

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