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viernes, agosto 26, 2005

La vi allá (6)

Sentí mucha ternura al ver los esfuerzos que hizo Marisela para que nuestra segunda cita fuera "perfecta". Estuvo bastante bien, he de decir, a pesar de lo que ocurrió al final. Primero fuimos al cine, a ver Daredevil con Jennifer Garner. Me sentí muy a gusto disfrutando un churro holivudense sin tener que soportar las prejuicios ideológicos de Renata que, para empezar, jamás habría ido a ver una película como ésa. Después fuimos a echarnos unos tacos al Tizoncito y por último pasamos por una botella de Cazadores para rematarla en su departamento de la Narvarte.


Todo iba de maravilla y yo estaba contando con pasar la noche ahí, hasta que llegó Clara, una amiga con la que Marisela había estado saliendo antes y que por lo visto no había recibido el memo de que ya no era bien recibida en esa casa. Nunca me expliqué cómo fue que Marisela se enganchó con esa mujer, una trailerona a la que sólo le faltaba escupir y tener panza cervecera para lograr su ideal de parecer hombre. La misma Marisela no me lo pudo explicar muy bien. Cuando yo la conocí, ella traía un rollo autodestructivo muy fuerte, estaba cayendo en la anorexia y esa relación simplemente completaba el cuadro.


La Clara trató de actuar como el señor de la casa, ofreciéndose a rellenar los caballitos, despatarrándose en el sillón y tratando de abrazar a Marisela en cuanta oportunidad se le presentaba. Era evidente la incomodidad de Marisela con su presencia que, además, no daba luces de terminar. Decidí recortar mis pérdidas y despedirme. Marisela salió a acompañarme al coche y aprovechó para disculparse por tan inopinada interrupción.


Al día siguiente me llamó para volver a disculparse y darme más explicaciones, insistiendo en que ya tenía tiempo que no salía con Clara y que no se explicaba cómo fue que llegó esa noche. Yo no lo sentí necesario, pero la dejé pues sentí que más que disculparse quería desahogarse. Me invitó nuevamente a su casa esa misma noche cuando, dijo, ya no seríamos interrumpidas.


¡Dios! ¡Cómo hacía frío esa noche! Con todo que llevaba abrigo y bufanda, sentía el aire helado que me atravesaba ropa, piel y grasa hasta cortarme los huesos. El departamento de Marisela estaba en la planta baja pero de todos modos, el trayecto del coche a su puerta bastó para volver a congelarme. Adentro, sin embargo, estaba bien calientito, gracias a un calefactor que había estado funcionando desde hacía varias horas.


Quisiera decir que esa noche había luna llena, o una importante constelación, pero no lo sé. Lo único que puedo decir es que había magia en el ambiente, en esa sala donde acabamos sentadas en la alfombra, rodeadas de cojines, hablando de algo que no recuerdo pero que terminó en un apretado abrazo. La sentí suave. Así como he sentido mujeres duras, Marisela era suave, flojita, flexible, y en ese abrazo su cuerpo se amoldó al mío como si nos hubiera diseñado un mismo tornero.


La siguiente sorpresa fue su olor a ajo. Cuando yo llegué en la tarde, ella se acababa de bañar. Estaba oyendo un disco de los Pretenders, un grupo que yo nunca había oído, y salió a abrirme en la bata de baño, al ritmo de Dont' Get Me Wrong. Sus movimientos naturales parecían seguir los de la canción y su imagen llena de gracia se me grabó junto con esa pista sonora. En todo caso, ya no le dio tiempo de ponerse perfume y así pude descubrir su olor natural. Excitante.


Y por último, al besarla me llevé la sorpresa de descubrirla fresca, a pesar de que yo me la había imaginado de labios calientes. Abrigadas ya sólo por la temperatura del calefactor, decidimos que sería mejor irnos a la recámara. Allí me esperaban aun más sorpresas.


Cuando me desperté a la mañana siguiente, Marisela ya había preparado el café y había ido a comprar pan dulce. Desayunamos entre miradas de contento y sonrisas de complicidad. Poco después me despedí pues tenía bastante trabajo pendiente en la casa. Y, claro, quedamos de hablarnos para ponernos de acuerdo y vernos en la noche. Salí de ahí como a las diez de la mañana y, de regreso a mi casa, pasé a un Sanborn's a buscar otros discos de los Pretenders.


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OK, Y DE QUE SON LOS TACOS DE TIZONCITO...

ME PARECE UNA RELACION QUE SALIO, DE ALGUIEN QUE BUSCABA UNA SALVACION DE UN SER QUE LA TENIA DOMINADA, Y TAL VEZ NECESITADA DE CARIÑO Y DE AMOR, YA QUE SE DIO SIN QUE NINGUNA DE LAS DOS SUPIERA BIEN COMO ERA CADA UNA. BUENO ESA ES MI OPINION.

No te quedes callado

 

¿Quién soy?

  • Yo soy Georgina
  • de Mexico
  • Quisiera ser heteróclita e indefinible: no me gusta que me encasillen. Claro, la sociedad ya tiene una casilla bien definida para gente como yo. En todo caso, no seré yo quien se meta por su gusto en ella.

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