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sábado, agosto 20, 2005

Silvia busca nuevos aires

Hace unos días me encontré a Silvia, desconsolada porque había terminado con Felipe, el panadero. Su desconsuelo le venía no sólo por haberse quedado sin pan gratis para la merienda de toda su familia, sino sobre todo, dijo, "porque en la colonia no hay nadie que valga la pena". Creo que con esto quería decir que a ella ya no le quedaban más candidatos que explorar. Las famas que circulaban por la colonia aseguraban que ya se había metido con todos los prospectos disponibles, por lo que le dije que quizá ya fuera hora de buscar nuevos aires.


Sólo que no me imaginé a dónde iba a buscar esos nuevos aires. Poco después vino a verme para que la ayudara a registrarse en una de esas "páginas de amigos, en el Internet". Tras una breve advertencia sobre los peligros que implica relacionarse con desconocidos (breve porque ella estaba ansiosa de empezar, no porque sean pocos los riesgos que se corren), nos metimos a corazonessolitarios punto com, que ofrecía la ventaja de ser gratuito. Sentada ante mi computadora, ella misma llenó el formulario, describiendo a su príncipe azul y describiéndose también a sí misma. Cuando terminó, me dijo que le tomara una foto en bikini, "para tener más chances de agarrar algo".


Sin hacer caso de su petición, le dije que me dejara ver lo que había puesto en su perfil.


—Qué bien—, le dije—. No sabía que ya estabas en la carrera.


—Bueno, todavía no, pero a lo mejor para cuando conozca a alguien ya por lo menos terminé la secu.


—Ni tampoco sabía que hubieras viajado tanto a Europa...


—Bueno, eso sí le adorné un poco... La semana pasada fuimos con mi familia a Celaya, ¿no se acuerda que le comenté?


Ya no quise detenerme en los atributos que exigía a su "fiel compañero para toda la vida", como llamaba al afortunado que para ser el objeto de su afecto tenía que cubrir una larguísima lista de requisitos. Le deseé la mejor de las suertes y le recomendé un cibercafé que está en la otra cuadra y que cobra cinco pesos la hora. No fuera a ser que la muchacha además quisiera abonarse conmigo para venir a chatear con sus galanes.


Con todo, reconozco que me quedé con la curiosidad y, al día siguiente, me volví a meter a ese sitio para ver su perfil con más detenimiento. La primera sorpresa fue que el lugar de la foto, que originalmente había quedado vacío, ahora estaba ocupado por el rostro de Shakira. Y que sus cualidades se habían multiplicado para abarcar el dominio de varios instrumentos musicales e idiomas.


—Es que así tengo más chances—, me explicó en la tarde, cuando me la encontré de salida del cibercafé—. Es más, ya recibí varias respuestas.


—Mmm... pues a ver qué pasa cuando se conozcan en persona.


—Este, bueno... pues para eso quería ir a verla ahorita—, me dijo con un dejo de vacilación que no pudo más que inquietarme. De momento no supe qué responder, así que ella tomó mi silencio por consentimiento y siguió hablando.


—Es que ya me escribió un niño que está soñado... ¡igualito a Brad Pitt! Pero... ¿ya ve que no hay que pagar nada por inscribirse? Pero entonces, lo que pasa es de que, para contestar, 'ora sí que me piden que pague y, pues, quería ver de que si me prestaba su tarjeta para pagar y poder contestarle.


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  • Quisiera ser heteróclita e indefinible: no me gusta que me encasillen. Claro, la sociedad ya tiene una casilla bien definida para gente como yo. En todo caso, no seré yo quien se meta por su gusto en ella.

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