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domingo, agosto 28, 2005

Zeferina tiene visiones

Las tensiones entre Zeferina y el padre Néstor aumentaron cuando la muchacha empezó a tener visiones proféticas. La primera profecía se refería a la muerte del Rayo Negro, el perro de doña Mercedes, la portera de su edificio. Doña Meche se acongojó mucho cuando se enteró de la visión, pues ella adoraba a su perro, un dálmata totalmente negro, muy raro y "muy fino, con pedigrí", como repetía a cada ocasión.










El rayo negro era una extraña raza de dálmata

La segunda visión fue el derrumbe de la panadería donde trabajaba Felipe, lo cual alarmó profundamente no sólo a su dueño, sino también a los vecinos, que temían resentir también los daños.


Después de anunciar esas dos catástrofes, Zeferina cayó en el mutismo total, se encerró en sí misma y no volvió a proferir palabra en varios días. Fue entonces cuando vino a verme una comisión formada por el padre Néstor y la tía Asunta, que en realidad resultaba tía abuela de Zeferina.


—Por el bien de la muchacha, y para evitar más problemas en la colonia, necesitamos que nos diga qué fue lo que le dijo Zeferina—, me lanzó el padre Néstor, mientras la tía Asunta encendía su puro.


El tono conminatorio del padre Néstor me resultó muy desagradable, pero tuve que reconocer que tenía algo de razón. La colonia ya se había dividido entre quienes creían a pie juntillas las palabras de Zeferina y quienes las ponían en duda o abiertamente se burlaban de las pretensiones de "esa falsa profetisa". Incluso ya había habido conatos de enfrentamiento entre los dos bandos que habían dejado un saldo de varias ventanas rotas a pedradas.


—Esto no puede seguir así—, intervino la tía Asunta, mirándome agudamente con sus pequeños ojos, que entrecerraba al inhalar el humo del puro—. Si usted no habla, será cómplice de cuanta catástrofe nos pueda ocurrir.


Yo me debatía entre mi obligación para con Zeferina y mi deber civil. Era cierto que doña Meche, por cuidar al Rayo Negro, prefería dejar abierta la puerta del edificio. Así, unos días antes alguien había aprovechado la situación para subir a la azotea y robarse la ropa de los tendederos. Asimismo, don Octavio se quejaba de que la gente ya no quería ir ni por bolillos, pues temía ser víctima del anunciado derrumbe de su panadería.


La gravedad del problema me impedía darles una respuesta inmediata, así que prometí tratar de hablar primero zon Zeferina y luego ir a ver a la tía Asunta, pues después de la nefasta reunión en la oficina del padre Néstor, prefería evitarlo. Tras varios alegatos, logré que se fueran, no muy convencidos de la sinceridad de mis palabras.


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Gina

Espero que Zeferina no haya tenido ninguna "vision" sobre el encarecimiento de las cervezas, al menos hasta que se pasen estos calores tan "jijos",Espero que no

Saludos

No te quedes callado

 

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  • Yo soy Georgina
  • de Mexico
  • Quisiera ser heteróclita e indefinible: no me gusta que me encasillen. Claro, la sociedad ya tiene una casilla bien definida para gente como yo. En todo caso, no seré yo quien se meta por su gusto en ella.

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