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viernes, septiembre 16, 2005

Del fervor patrio y otras calamidades

Desde principios de septiembre, el padre Néstor empezó a organizar la kermés mexicana de la iglesia, para contrarrestar, dijo, "las violentas bacanales" en que se convierten los festejos patrios. Alarmados ante la posibilidad de pasar el grito bajo el signo de la Cruz y no de la botella, los varones de la colonia decidieron organizar su noche mexicana alternativa, con el entusiasta apoyo de don Elías, el de la cantina, que poca gracia le hacen las cruzadas antialcóholicas del cura.


Cuando esto llegó a oídos del padre Néstor, éste aprovechó el púlpito del domingo para tronar contra "la tentación de confundir el patriotismo con el alcoholismo, el verdadero nacionalismo con el desenfreno y la defensa de nuestra soberanía con la relajación de las costumbres".


Sin embargo, por parte del cotarro de los hombres decidieron ignorar el exhorto del párroco.


—Sólo nos faltaba que un curita viniera a decirnos cómo celebrar al Padre de la Patria—, se irritó don Elías.


El ingeniero Benavides estuvo a punto de señalarle que el Padre de la Patria, el cura Miguel Hidalgo, también había sido hombre de la iglesia. Pero la fiera mirada del cantinero le hizo ver lo fuera de lugar que estaría su comentario.


—Lo que necesitamos es otro Juárez que venga a liberarnos de todos esos ensotanados—, exclamó, ganándose con ello la aprobación de todos.


Por esta razón, la celebración de ayer no estuvo tan lucida como dicen que ha sido otros años. En el atrio de la iglesia se instalaron puestos de pozole, quesadillas y tostadas; un cuñado del padre se presentó vestido de charro y con un aparato de karaoke se puso a repetir el repertorio de Jorge Negrete. Y la diversión corrió a cargo de los caballitos de don Matías, que por esa única ocasión instaló en el atrio su tiovivo y permitió que los menores de diez años se subieran sin pagar. La concurrencia a la kermés fue básicamente femenina e infantil. El padre Néstor se paseaba entre los pocos puestos, saludando benevolente a la gente, tratando de disimular la molestia que le causaba constatar su poco poder de convocatoria.


Contra lo que podría pensarse, el bando del alcohol no estuvo mucho más concurrido. Con don Elías como líder natural, el festejo se organizó en el patio de su casa, cosa que él aceptó a regañadientes. En efecto, muchos dijeron que si llevaban a su mujer a la cantina, ésta yo no volvería a ser lo mismo. "Sería casi una profanación", comentó alguno. De todas maneras, algunas señoras se negaban a ponerse en contra del párroco y, emulando quizá sin saberlo a Lisístrata, amenazaron a sus maridos con una huelga de abstinencia si osaban desafiar la autoridad eclesiástica. La estrategia, sin embargo, no dio el resultado deseado, debido a que no faltaron quienes actuaron de esquiroles. Sobre todo las muchachas de doña Mercedes, allá en Apaseo.


En todo caso, la celebración en el patio de don Elías consistió en el pozole de Matilde, la esposa del ingeniero, que además coordinó a las demás señoras para que prepararan los antojitos. Del alcohol, obvio decirlo, se ocuparían los señores.


El episodio dividió profundamente a la colonia y los bandos del cura y del cantinero incluso llegaron a tener algunas escaramuzas, con saldos, afortunadamente, de sólo raspones y una que otra descalabrada. La mañana del día 15 la tensión había crecido a tal punto que en la tortillería tuvieron que organizarse dos colas para evitar que se desbordaran los ánimos por la cercanía física.


No faltaron, claro, los tibios que coquetearon con ambos bandos. De ese número fue, entro otros, la tía Asunta, cuya cercanía con el padre Néstor la obligó a darse una vuelta por la kermés para echarse un pozolito, para después dejarse ver en el patio de don Elías para entrarle a las cervezas al dos por uno.


Yo en lo personal, dado mi carácter de observadora imparcial, tuve que hacer similar acto de malabarismo. Pude constatar que el pozole blanco de la kermés estuvo mucho mejor que el rojo de Matildita. Y también —y que dios me perdone— que don Elías tiene mejor colección de música que los dos tristes discos de karaoke que llevó el cuñado del padrecito.


Esta mañana la colonia amaneció más tranquila. Pasado el fervor patrio y las pasiones que enciende, se olvidaron los rencores y la tortilleria volvió a funcionar con una sola cola. Es lo bueno de que nuestro patriotismo sólo nos inflame una vez al año.


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No solo escribes bies eres una cronista innata…

Pueblo chico, infierno grande (como dice el dicho)

Una fiestas patrias mas que recordar.

Beso bonita.

BONITA CASA NUEVA, FELICIDADES !!!!!

BRAVO GINA.

BESOS

Me recordó a las celebraciones en mi pueblo..un pequeño lugarcito en la huasteca potosina. Ajá, asi suelen ser..felicidades y que viva México.

No te quedes callado

 

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  • Yo soy Georgina
  • de Mexico
  • Quisiera ser heteróclita e indefinible: no me gusta que me encasillen. Claro, la sociedad ya tiene una casilla bien definida para gente como yo. En todo caso, no seré yo quien se meta por su gusto en ella.

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