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domingo, septiembre 11, 2005

Desventuras automovilísticas

Después de que me trajo a las vueltas, con sustos y sofocones, angustias y expectativas, mi querido carrito regresó al amoroso garage que lo cobija, tras una gira de cerca de tres semanas por varios talleres.


Bueno, el primero no fue taller: por alguna ignota razón, una mala tarde el coche se negó a arrancar. Y ahí se quedó, necio, estacionado junto a la banqueta, empeñado en no moverse. Le hablé a un amigo que al rato llegó con un mecánico. Debí haber seguido mi corazonada desde un principio, pues su astrado aspecto no me infundió nadita de confianza. Pero no tenía más remedio que depender de su pericia. Luego de una breve inspección, el técnico operario emitió su dictamen:


—Mire, seño, lo que pasa es que, mire, 'ora sí que lo que tiene, es que la bobina está mal, o sea que se fregó y hay que cambiarla.


—Pues cámbiela, ¿no?


—Ay, señito, pus sí, pero, ¿a'ónde voy a conseguirla ahorita?


En efecto, era sábado como a las 7 de la tarde.


—Entonces, ¿qué hago?


—No, pus si quiere, deje el coche aquí y ya el lunes me compra la bobina y yo se la coloco.


Volteé a ver a mi amigo, buscando su opinión. La cara que tenía me hizo ver que, en cuestión de coches, él era tan ignorante como yo. Se encogió de hombros e hizo además de "pues, ni modo".


Pues sí, ni modo. Le eché su bendición al coche, confiada en que en ese estado nadie se lo iba a robar, y me fui a la casa en taxi.


El lunes temprano fui a una refaccionaria a buscar la bobina.


—¿De qué modelo es el coche?


—Es un Pointer.


—¿Trai turbo?


—No, pues no sé... ¿eso afecta mucho?


—Pus es que le puedo vender cualquier bobina, pero si no le queda, no hay devoluciones.


—¿Y entonces qué hago?


—Pus llévese dos, pa'más seguridad, señito.


Decidí hablarle al mecánico para que me asesora en tan difícil materia.


—No, pus mi compadre no'stá, pero si quiere yo la atiendo, seño—, me contestó una voz desconocida del otro lado de la línea.


Vuelta a explicarle el mismo problema que ya le había expuesto a su compadre y al dependiente de la refaccionaria.


—¿Sabe qué? Chance y son los sensores.


—¿Y eso qué es? No me habían dicho nada de sesnsores.


—Ah, es que eso hay que revisarlos 'ora sí que con escáner.


—¿Qué hago entonces?


—Pus si me puede traer el carrito, yo aquí le doy su buena escaneada.


Ese día sí había desayunado y creo que eso me ayudó: de repente, alguna substancia del cerebro hizo reacción con otra, y recordé que mi coche tenía un seguro que incluye asistencia en el camino. Hablé a la aseguradora y en una hora mi coche ya estaba en el taller del compadre, cómodamente transportado en una grúa de plataforma.


—Mire, 'orita tengo mucha chamba, pero en la tarde le doy su repasada al carrito—, me dijo el mecánico, cuya pinta no difería en mucho de la de su compadre—. Hábleme mañana al mediodía y ya le doy razón.


Me dio una tarjeta arrugada y engrasada que sacó con mucho cuidado del bolsillo del overol que traía, en la que el número de teléfono que estaba impreso había sido tachado y reemplazado por otro, escrito a mano y con lápiz.


Al día siguiente le hablé al mediodía, que según yo viene cayendo a las 12 del día. Pero al parecer en mi colonia el tiempo pasa más despacio y en el taller apenas era la mañanita, pues me dijeron que "el maistro está desyunando" y que al rato volvía. Después de varias llamadas, finalmente lo encontré a las 4 de la tarde. Bien desayunado, el "maistro" estaba de buen humor, lo que no le impidió darme la mala noticia de que el escáner no había detectado nada y que me tendría llevar mi coche de su taller, pues si se lo dejaba, me cobraría el estacionamiento. Vuelta a llamar a la aseguradora, y un nuevo arrastre del coche, esta vez del taller a mi casa.


Cuando llegó Micaela y le conté el problema del coche, ella me dijo que tenía unos amigos mecánicos muy buenos y barateros, que me lo podrían arreglar. A falta de otras opciones, le pedí que los llamara.


Los Moscos se presentaron ante mi puerta dos días después. Sin ser hermanos gemelos, eran igualitos. Uno se llama Roberto y el otro Humberto, así que a los dos les decían Beto. Pero desde hace tiempo que les dicen los Moscos por alguna razón que escapa a mi entendimiento. Nuevo examen del motor y nuevo dictamen:


—Nos lo tenemos que llevar al taller—, dijo el Mosco Mayor.


—Sí, al taller—, reiteró el Mosco Menor.


—Es que lo tenemos que escanear con el equipo grande. El escáner de mano luego no detecta todo.


—Sí, no detecta todo.


Otra vez intervino el ángel guardián de la aseguradora con su grúa, que se llevó a mi carrito al taller de los Moscos.


Al siguiente lunes me llamó uno de ellos para avisarme que lo que pasaba era que se le había tronado la computadora al coche. Yo no sabía que el coche tuviera computadora (¿Windows, Linux, Mac?) pero tuve que creerles cuando me dijeron el precio.


—En la agencia sale como entre seis y ocho mil pesos—, me soltaron, con lo que se me cayeron los calzones—. Pero en México la podemos conseguir entre tres y medio y cuatro. Usted dice.


¿Qué podía decir? Los autoricé a que fueran a México a buscar el chisme.


—Es que eso puede tardar varios días, si no la tienen en existencia.


De todos modos, calculé que era preferible quedarme unos días más sin coche que pagar el doble en el mercado local. Reiteré mi autorización.


—Nosotros le hablamos cuando la téngamos.


Eso fue lo último que supe de los Moscos en toda la semana. El sábado finalmente me hablaron para decirme que ya tenían la computadora y que sólo faltaba programarla. Colgué con la confianza de que a más tardar el lunes ya tendría el coche de nuevo.


Al lunes siguiente sonó el timbre y en mi alma brilló la esperanza de volver a ver a mi querido carrito. Fue vana. Los dos Moscos estaban ante la puerta, indistinguibles entre sí, con una sonrisita totalmente fuera de lugar, dada la noticia que me pensaban dar.


—¿Sabe qué? Es que necesitamos el número de serie del carro para programar la computadora. ¿No lo sabrá usted?


¿Cómo lo iba a saber si ni enterada estaba de su existencia?


—Viene en una plaquita de plástico que está junto a la llave. ¿No se la dieron cuando lo compró?


Ahí sí se me fue el alma al suelo. El coche lo había comprado hacía más de seis años. ¿Cómo y dónde iba a conservar una "plaquita de plástico" todo este tiempo? Pero, ¡oh, milagro! La dichosa plaquita efectivamente estaba junto a la llave de repuesto. Tenía años de no sentirme tan agradecida con la vida.


—Le hablamos hoy en la tarde o mañana temprano—, fue la promesa de los moscos al despedirse.


No la cumplieron, claro. Pero a estas alturas ya estoy acostumbrada al lento caminar de las manecillas y de las hojas del calendario. Hay cierta atemporalidad en el concepto mexicano de los compromisos que nos emparenta de alguna manera con las culturas orientales, donde la eternidad es más importante que el tiempo. Las citas y compromisos de cualquier naturaleza están siempre supeditadas al humor reinante. Y, a final de cuentas, tengo la impresión de que ese humor depende de la buena o mala digestión de los celebrados platillos de nuestra cocina. Bueno, pero ya estoy divagando.


El miércoles en la mañana volví a recibir la visita de los sonrientes Moscos.


—¿Sabe qué? Lo que pasa es que no pudimos programar la computadora.


—Sí, no pudimos.


—Y nos vamos a tener que llevar el coche a la agencia.


—Sí, a la agencia.


La cara de consternación que puse los ha de haber asustado a ellos más que a mí saber la noticia.


—Pero no se preocupe. Ahí tenemos un amigo que ya nos dijo que nos cobra bara.


—Sí, bara.


—Entonces, o sea que si le puede hablar a la grúa para que se lo lleven a la agencia.


—Sí, la grúa.


Creo que los arrastres de grúa de estas tres semanas valieron por todos los años que he pagado la póliza del seguro sin haberla usado. No sé si ya en la aseguradora me alucinaban, pero al menos no me lo hicieron sentir cuando les llamé. Los Moscos se fueron de inmediato para recibir a la grúa en su taller. Sí, en su taller.


Los días, como dije, transcurren lentos en mi colonia. Más cuando no tengo coche para movilizarme, para ir al súper, para salir, para... en fin, para hacer todo lo que se supone que se hace con un coche. Pero no hay plazo que no se cumpla, así que, finalmente, tres semanas después de haberse negado a arrancar, oí el claxon de mi cochecito sonar ante mi puerta. La sonrisa de los Moscos ahora sí estaba justificada. Luego de comentarme las peripecias que tuvieron que vivir para programar la computadora —un poco con el ánimo de justificar lo que me iban a cobrar— me dieron la llave del coche y me dijeron que había quedado "pior que nuevo". Y así fue. Al darle vuelta a la llave, el motor ronronea como gato satisfecho. ¿Qué más puedo pedir por seis mil pesos?


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Gina!!!

Esta es una verdadera odisea mecánica, pobre de ti…

Estos personajes mejor conocidos como “chambitas” son mas peligrosos que rasurarte con un vidrio :o)

La pregunta es si “la asistencia en el camino” de VW ni incluye soporte en sus propios talleres, me temo que si mi niña…

En fin “tu carrito” ya esta en casa y transportándote, ¿que fortuna no?

Besitos hermosura :o)

Moraleja?..la siguiente vez que te falle( que esperemos que ya no), ve a la segura, primero llevalo a la agencia a que te hagan un presupuesto, segundo, llevalo con "Los Moscos"..luego, tu decides que opción tomas..porque creo, que si lo has llevado a la agencia directamente, te hubiera salido más bara...Saludos!

Me alegro de que ya haya terminado tu pesadilla.

BUENO QUE TE PUEDE DECIR ALGUIEN QUE SABE QUE LOS CARROS NADA MAS SIRVEN PARA TRANSPORTARNOS, SIN SABER SIQUIERA DE QUE ESTAN HECHOS O QUE TIENEN POR DENTRO, PERO NI MODO NOS TOCO VIVIR EN UN PAIS EN DONDE SI TE DUERMES TE LLEVA LA CORRIENTE, PERO QUE BUENO QUE YA QUEDO. BEY BESUCOS

Pase a saludarte...

Gina
Entiendo perfectamente por lo que pasaste, el Domingo que paso mi coche me jugo una situacion muy similar (no daba marcha)cuando llegue al electrico, el maestro se tomo casi 2 horas en darme dos diagnosticos, el primero fue que el "Selector" ya no sirve ( y es muy caro remplazarlo ) pero vio mi cara de incredulidad lo reviso mas a fondo y me dijo que la marcha es la que ya se habia "amolado" y por ser Domingo entonces ya no podria conseguirla,
Mi solucion? le pele los cables de encendido al coche, le abro la corriente con la llave, junto los cables y "Voila"
Ahora pienso comprar un boton para conectar los cables y esconderlo abajo del Volante para utilizarlo como "Mecanismo antirobo"

Apoco no soy original??

Saludos

El número de serie esta bajo un plastico bajo los limpiadores...
en todos los autos...(no se como los moscos no lo saben...)
Y lo de la computadora esta cañon... a menos que le hayas pasado corriente a otro auto no tiene porque pasar...

Eso o le pusiste chip y la compu se desactivo...(que no creo...)

6000 pesos después... debe estar como antes...

ntc. jijijijiji
Que bueno que ya regreso tu carrito

No te quedes callado

 

¿Quién soy?

  • Yo soy Georgina
  • de Mexico
  • Quisiera ser heteróclita e indefinible: no me gusta que me encasillen. Claro, la sociedad ya tiene una casilla bien definida para gente como yo. En todo caso, no seré yo quien se meta por su gusto en ella.

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