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lunes, septiembre 12, 2005

Desventuras domésticas

La ventaja más evidente de no tener luz es que no se puede trabajar. Bueno, yo no puedo trabajar, ya que todo lo hago en la computadora. Y el triste no break que tengo apenas dura unos diez o quince minutos. Con eso aguanta los apagones más frecuentes, que no pasan de cinco minutos (eso sí, por lo menos uno al día aquí en mi colonia). Pero hoy en la mañana, la luz se me fue a las 10 de la mañana y quince minutos después empezó a sonar la alarma del no break.


¿Qué se puede hacer sin luz? Lavar los trastes que haya en la cocina. Tender la cama. Ordenar un poco la casa (no mucho, para no quitarle su chamba a Micaela). Pero eso lo hice en media hora y la luz no regresaba. ¿Qué otra cosa podía hacer? Recordé que desde hace cinco meses se me picó un tubo que va del distribuidor a uno de los cilindros de gas y que, por lo mismo, sólo puedo usar uno. Y es una lata andar pidiendo el gas a cada rato. La semana pasada había comprado el tubito, que aprendí que se llama pictel, con la idea de cambiárselo algún día. ¿Qué mejor día que éste que no tenía nada más que hacer?


No me pareció una tarea difícil: era cosa de desatornillar un extremo del tubo y colocar el nuevo. Lo único que necesitaba para mi reparación casera era un perico, que por veinte pesos le compré a don Bernabé, el viejito que vende herramienta y otros fierros en la banqueta de la vuelta. Armada con el perico y el pictel nuevo, salí a la azotehuela a enfrentarme a la tarea.


Quitar el pictel viejo no fue problema. Como estaba picado, el señor del gas lo había doblado para impedir que se siguiera fugando. Pero yo no reparé en ese detalle. Como dije, lo quité con unas cuantas vueltas del perico y, poco antes de quitarlo por completo, escuché un silbido peculiar y percibí el característico olor del gas. ¡Horror! Según yo, si el distribuidor estaba señalando hacia el lado derecho, el izquierdo estaría sellado. Pero por lo visto no es así. Volví a atornillar el pictel para cerrar la llave del tanque de gas.


Bueno, pues el pictel lo quité muy fácil, pero cuando quise conectar el nuevo, me di cuenta de que no le quedaba. La rosca del nuevo era visiblemente más angosta y jamás podría atornillarla. Ése no era todo el problema: si abría la llave del cilindro, el gas se saldría por ese agujero que había quedado... Y mi preocupación creció cuando mi estómago me advirtió que ya se acercaba la hora de comer. ¿Cómo iba a cocinar sin luz ni gas?


Decidí sacar la basura y aprovechar para ir a la ferretería, a ver si me cambiaban el pictel por uno de rosca más ancha. Fue buena decisión. Frente a la ferretería había una bolita de curiosos, admirando a tres arbolistas que desramaban un elevado cedro. Al menos obtuve una explicación de la falta de luz: a fin de prevenir que las ramas cayeran sobre los cables y que éstos electrocutaran a los operarios, la Compañía de Luz cortó el servicio en la colonia. La previsión era que a las 3 de la tarde se reanudaría.


En la ferretería me recibieron con la mala nueva de que los picteles eran estándar.


—Pero es que no le entran a mi distribuidor—, alegué sin ninguna esperanza de que eso fuera a producir picteles de rosca ancha.


—Lo que puede hacer entonces es llevarse toda la pieza.


Por 128 pesos más me hice dueña de un distribuidor nuevo y sus respectivos picteles. De todos modos, hube de reconocer, el anterior ya estaba bastante viejo y no caería mal cambiarlo, por aquello de las fugas. Me sentía realizada con la idea de hacer un trabajo en la casa. Toda la vida me había sentido una inútil para esas tareas, cosa que además se complicaba con la cuestión de los roles sociales: la ferretería es para los hombres y la mercería para las mujeres. Pero de vez en cuando, a una mujer se le puede antojar manipular los fierros y a un hombre, ensartar una aguja, ¿o no?


Fue muy fácil quitar el distribuidor viejo del tubo de alimentación. Lo que sí me fue imposible fue desconectar el pictel del cilindro. Mi pobre perico de a veinte pesos nomás se barría sin lograr mover la tuerca. Decidí que necesitaba mejores herramientas así que de plano me fue a la plomería a pedir prestada una llave inglesa. El maistro casi se carcajea cuando le expuse mi problema.


—No señito, mi herramienta 'ora que sí es muy grande pa'usté. Mejor le presto unas pinzas de presión. Ésas sí le entran bien. ¿Sabe usarlas?


¿Que si sabía usarlas? No sabía ni que existieran esas pinzas, extraña cruza de perico con pinzas.


—Nomás las agarra bien fuerte y le da vueltas a este tornillito sin dejar de apretar y cuando haga clic, ya está, le da vuelta a la derecha.


¡Qué fácil!, pensé, agradeciéndole al maistro no sólo el préstamo, sino también la instrucción.


Pero aunque esta vez sí traía herramienta de hombre, profesional, jamás pude mover la maldita tuerca del cilindro. Me colgué literalmente de las pinzas para vencerla con mi peso, y ni así. Darme por vencida significaba renunciar a comer. Y ni mi estómago ni mi ánimo estaban para esas noticias. Dicen que la necesidad es la madre de la invención. Si mi problema era la fuga del distribuidor viejo —por el hueco que dejé al quitar el pictel picado —, ¿qué me impedía taparla con plastilina epóxica? Ya cuando vinieran los señores del gas a cambiarme el tanque, ellos mismos me podrían instalar el distribuidor nuevo. Tendría que darme otra vuelta a la ferretería para comprarla. Y aun más fácil, pensé: ¿qué me impedía llamarlos de una vez para que me vinieran a hacer el trabajo completo? Así cambiaba el cilindro que no había podido usar durante cinco meses a causa del pictel picado y me quedaba con distribuidor nuevo y dos tanques bien provistos.


¿Qué me impedía llamarlos? ¡Ay! Una chispa de orgullo que se negaba a darse por vencida. Pero el hambre —y la perspectiva de no comer más que sándwiches fríos— dieron cuenta de ese orgullo.


Total, el camión del gas llegó media hora después de que lo llamé. Al chamaco que me hizo el trabajo le di veinte pesos de propina y a las tres de la tarde ya le estaba entrando a mi cecina asada con aguacate. En esos momentos, ¡ay!, regresó la luz, tal como habían prometido. No me quedó más remedio que hacerme un sándwich de cecina y venirme a trabajar a la computadora, pues ya se me hacía tarde para entregar el trabajo del día. Por lo menos no comí sándwiches fríos.


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No son desventuras las tuyas. Son GINAVENTURAS que por tu forma de narrar me hacen reír de buena gana.

Lo importante es aceptar que eres necia y que aunque quieres resolver todo sólita, hay otros caminos para solucionar las peripecias de casa (y coche)

Sigue contándonos todo, escribes rico, me transportas hasta ahí y me dan ganas de entrar a salvarte, y te juro que de “Chapulin Colorado” no tengo nada…

Soy tu absoluto y rendido FAN niñita talentosa, besos, muchos besos.

caray...si a mi me pasara eso creo que comería burritos de microondas.

Órale niña, quiero que RAYDI sea mi pretendiente, pero no tengo blog, que suertuda eres.

Me gusta lo que escribes, saludos desde Cancún.

MAGOS.

Darth: Luego me pasas la fórmula para echar a andar el microondas cuando no hay luz.

Magos: Pues empieza tu blog de una vez, chance y tengas buena suerte. Gracias por el comentario.

Ray: Luego te voy a pedir los estados financieros del club de fans. Espero que no me pase lo que a la llorada Selena.

Todo lo que provoca, el corte de las ramas en árboles, ja..no te creas, felicidades..lo intentaste. Ya tienes distribuidor nuevo y difrutaste de la cecina con aguacate, eso se antoja.

Hola Gina

Tal vez hubiera sido el pretexto excelente para irse a comer una rica torta (o tacos) en la plaza de la cuidad no?

En abril yo quise cambiar el cilindro de gas y tambien aprendi que ademas de la llave y el picktail tienes que comprar una cinta de Teflon para sellar la conexion, de otra manera se escapa el gas y ademas del olorcito mareador se te vacia el tanque en menos de un mes ( yolo aprendi por la mala)

Que te sea leve

Saludos

Hola madrugadora

Tienes toda la boca llena de razón, hay un gran paralelismo en ellos, que brillante eres niña :o)

De Tomas (narciso) así es, todo en él es su propia interpretación, ¿amen de rarito no?

Buen detalle dejar la liga para que nos enteremos de que onda con la Dianética, gracias.

Besitos de martes.

PD: A que pedinche, el club de fans va muy bien aunque no hay ingresos aun, egresos todos y los que faltan, jajaja

Lalo: el detalle de la cinta de teflón efectivamente me lo comentó el chavo del gas, pero la substituyó con jabón de tocador. "Sirve igual", me aseguró. Quiero creerle, pues hasta ahora no he detectado los mefíticos gases de ninguna fuga.

Eventualmente, ve y ponle más jabón de tocador, por las mendigas moscas... o en una oportunidad..compra cinta teflón, y se la pones. Saludos!

GEORGINA:

Ya me gustaria, tengo 2 niños, trabajo de sol a sol, me gusta la idea del blog, pero se que no lo atendere bien.
Mi comentario anterior fue broma, espero no te haya molestado, lo que pasa es que veo lo calido que es RAYDI contigo, y eso se antoja, pero no me hagas caso.

MAGOS

En mi colonia la luz se va por mil horas...

tengo suerte de tener un no-break que aguanta bastante... y si aplico la de irme hasta los limites donde hay luz y comer algo rico.


Aunque siendo honesto... no me molestaria en lo más minimo si se fuera el gas... pero eso si... me baño con agua para pelar pollos!!!!

No te quedes callado

 

¿Quién soy?

  • Yo soy Georgina
  • de Mexico
  • Quisiera ser heteróclita e indefinible: no me gusta que me encasillen. Claro, la sociedad ya tiene una casilla bien definida para gente como yo. En todo caso, no seré yo quien se meta por su gusto en ella.

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