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viernes, septiembre 09, 2005

La estrategia de Felipe

El otro día, mientras esperaba a que saliera el bolillo calientito en la panadería, se me acercó Felipe y, con una mezcla de orgullo y de agradecimiento, me dijo que Silvia ya había vuelto con él. No pude dejar de sentir cierta satisfacción, quizá como la de fray Lorenzo al arreglar los amores de Romeo y Julieta. Aunque, claro, espero que mi intervención no tenga las desastrosas consecuencias de las del bienintencionado fraile. Bueno, y en realidad eso no me preocupa mucho: después de todo, mi colonia no es la Verona del Renacimiento, qué caray.


Después de sus infructuosos esfuerzos por conseguir galán en Internet, Silvia se quería dar por vencida.


—Es que te juro que no sé qué se traen los chavos. Muchos me escribían, me bajaban el sol y la luna y después de tres o cuatro mails, ni más; no me volvían a escribir. Otros eran unos vejestorios de más de 50 años, que ponían una foto de un chavito cuero y ya cuando nos íbamos a conocer en persona, me soltaban la neta. Supongo que pensaban que para entonces yo estaría taaan enamorada, que no me importaría que ellos tuvieran edad suficiente para ser mis padres.


No consideré prudente sacar a colación la teoría de que el verdadero amor no tiene limitaciones de edad, así que dejé que siguiera hablando.


—Y los otros mensajes que recibía eran de extranjeros que me prometían llevarme a vivir al primer mundo... eso queda allá en Estados Unidos, ¿verdad? por el mundo Disney. Pero, ay, no, qué flojera irme a vivir allá. Además, todavía debo el inglés de la secu y ni les iba a entender nada.


Tampoco era cosa de ponerme a explicar teorías de economía política y establecer las diferencias entre el primero, el segundo y el tercer mundos que, por lo demás, yo tampoco tengo muy claras.


—Y también me escribieron varias chavas... ellas me decían que me podían enseñar muchas cosas que ni me imagino... Pues la verdad, no sé. Chance. Pero si voy a tener que estudiar y aprender otras cosas, mejor estudio para terminar la secu, que al fin ya sólo me faltan tres materias. Y me quedo muy a gusto de este lado, que al cabo ya lo conozco bien.


Y vaya que lo conocía. Ella ya había andado con todos los chicos en edad de merecer de la colonia, y con alguno que otro sin mayor merecimiento que haberla invitado al cine. Silvia encendió un cigarro y se puso a fumar, clavada la mirada en algún punto del infinito. Tenía la costumbre de interrumpirse de pronto, y uno no sabía si ya había acabado de hablar, o sólo estaba tomando aire. Decidí esperar un tiempo prudencial antes de hablar.


—¿No tienes nada qué decirme?—, me preguntó de repente.


En realidad en ese momento se me había ocurrido un plan, pero su éxito se basaba en que Silvia no lo conociera, así que me limité a recomendarle paciencia y que siguiera insistiendo por Internet.


Una vez que se fue Silvia, me fui a la panadería para sondear el terreno con Felipe. Y cuando le expuse mi plan, él se mostró más que dispuesto a colaborar, así que ahí mismo afinamos la estrategia.


Y funcionó de maravilla, como ya dije. Espero tener tiempo en otra ocasión de contar en qué consistió esa estrategia. Eso sí, advierto: amiguitos, para emplearla se necesita mucho entrenamiento. ¡No traten de hacerlo ustedes en su casa!


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Felicidades por tu blog. Veo que tienes muy buenos gustos musicales y que tienes excelente cultura (dos cosas que, para mi, están muuuuy relacionadas). Sigue posteando y, si tienes un tiempito, te encargo veas mi blog.

GINA !!!!

Tienes que dar a conocer urgentemente "la teoría de que el verdadero amor no tiene limitaciones de edad".

Y explicarnos a todos y al detalle la estrategia...

Aplaudo tu consejo de que no se haga en casa, y menos solitos. jajaja

Me encantan tus cronicas de la colonia...

Besitos, feliz fin

Ya veo que la gente de todos los lugares es igual y tiene las mismas aficiones.

Gina

No se vale!!! (dejas lo mas interesante del relato para la siguiente)
Estare esperando a que nos platiques tu estrategia

Saludos Bajacalifornianos

No te quedes callado

 

¿Quién soy?

  • Yo soy Georgina
  • de Mexico
  • Quisiera ser heteróclita e indefinible: no me gusta que me encasillen. Claro, la sociedad ya tiene una casilla bien definida para gente como yo. En todo caso, no seré yo quien se meta por su gusto en ella.

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