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sábado, septiembre 24, 2005

Los riesgos laborales y cómo evitarlos: primer intento

Hace unas semanas me enteré de que mi jefe en la editorial donde trabajé sufrió de una tromboflebitis. Por alguna razón, cualquier padecimiento que empiece con trombo lo tengo asociado con comidas pantagruélicas y una vida disipada, por lo que me extrañó que don Gerundio pudiera ser su víctima, ya que era conocido por su frugalidad y abstinencia. Bueno, en realidad no se llamaba Gerundio; quiero cubrir su nombre bajo un piadoso velo de anonimato, por si alguna vez llego a hablar de su sorpresiva conducta con Diana. Le decíamos Gerundio por el visceral odio que sentía por esa forma gramatical. Siempre la eliminaba de cuanto texto le presentáramos, por muy justificada que estuviera.


—¡Me metiste seis gerundios en este material!—, espetaba lanzando un montón de treinta cuartillas sobre el escritorio del desprevenido redactor—. Es un exceso. Revisa mejor tus textos antes de entregarlos. Bastante trabajo tengo ya, para encima tener que andar expulgando gerundios.


A esa editorial aún no le llegaba la revolución informática —ya bastante avanzada en otras, por cierto—, así que los redactores teníamos que volver a teclear fatigosamente las cuartillas que don Gerundio había rayoneado, pues la consigna era que había que entregar "impecables" los originales.


Bueno, volviendo a la cuestión de los trombos en las venas (o sea, tromboflebitis), para mi sorpresa descubrí que éstos son causados por estar sentado demasiado tiempo.


—Es un riesgo laboral—, me dijo don Gerundio cuando lo llamé por teléfono para preguntar sobre su estado de salud—. Y no tiene nada que ver con la edad, ¿eh? Así que más vale que tú también te cuides.


No me extrañó que don Gerundio hiciera esa precisión sobre la edad. A sus 74 años creo que ya empieza a sentir pasos en la azotea y, aunque toda la vida fue muy mesurado en sus costumbres —salvo el incidente con Diana, claro—, ahora ha extremado sus precauciones y no tiene empacho en decir que su intención es morir en perfecto estado de salud.


Como quiera, su advertencia me hizo reflexionar. Yo también paso sentada ante la computadora de diez a doce horas cada día y aunque hago ejercicio, la amenaza de los trombos es real. ¿Qué podía hacer? Lo único que se me ocurrió fue buscar algo en Internet y, efectivamente, allí encontré la ayuda.


Se trata de un maravilloso programa que se llama Workrave y lo que hace básicamente es recordarnos cada tanto tiempo que debemos hacer una pausa o, de plano, levantarnos a caminar un rato y alejarnos de la computadora. También propone ejercicios de estiramiento y de relajación de la vista. Encantada con esta solución, instalé el programa —que por supuesto es gratuito— y lo configuré para que cada hora me recordara mi descanso.


Al principio todo marchaba a la perfección. Cada diez minutos hacía una pausa de veinte segundos y cada hora tomaba un descanso de cinco minutos. Realizaba puntualmente los ejercicios que me proponía —estiramiento de dedos, de brazos, de cuello y de espalda— y me iba a dar una vuelta para despejarme. ¡Qué vida tan sana estaba llevando!, pensaba con orgullo. De este modo estaba exorcizando el peligro de los trombos y me encaminaba por el sendero de una vida plena y saludable.


Sin embargo, como a la semana caí en la cuenta de que había aumentado considerablemente mi consumo de cigarros. Un minucioso análisis me hizo ver que cada vez que hacía una pausa encendía un cigarro, pues el programa bloquea el teclado y no me deja hacer nada mientras está activo. Y también había aumentado mi consumo de Coca-Cola, pues en cada descanso aprovechaba para ir a la cocina por una lata.


Por lo demás, el programita éste será muy bueno, pero no distingue las situaciones de urgencia. Varias veces me pasó que, a punto de terminar un trabajo y con el tiempo encima para entregarlo, se aparecía la detestable ventanita que no me deja trabajar. Felizmente descubrí que podía hacerle trampa al programa. Así, cuando me aparecía la ventana conminatoria, simplemente le apretaba el botón de cancelar y seguía trabajando tan tranquila.


Días después me di cuenta de que de plano había dejado de hacer las pausas y de tomar los descansos. De que le había bajado al consumo de cigarros y de Coca, de que estaba cumpliendo a tiempo con las entregas y de que, en general, me sentía muy bien. ¿Cómo iba a permitir que algo tan frío e impersonal como un programa de computadora me viniera a decir cuándo y cómo trabajar? ¡Al diablo! Así, anoche me metí al Panel de control de Windows y desinstalé el mugrero de programa. Ya veré yo de qué otra forma puedo evitar la tromboflebitis, ese riesgo laboral de redactores, traductores y fauna similar.


¡Ah, qué latoso es querer llevar una vida saludable!


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jajaja, me gusta la frase final de este texto.

Saludos.

La vida sedentaria hace daño, eso asi es. Cualquier asunto relacionado con el corazon y la circulacion afecta a hombres y mujeres, sin importar la edad.
No hay mas que caminar y alejarce des sedentarismo, y eso solo nosotros lo podemos hacer, no los programas que por ahi hay.
Cuidate, sigue con tu ejercicio y camina, camina, camina.
Besos niña

Y así pasa y pasará con muuuchos programitas...instalas y desinstalas. Salud, salud y salud.

No te quedes callado

 

¿Quién soy?

  • Yo soy Georgina
  • de Mexico
  • Quisiera ser heteróclita e indefinible: no me gusta que me encasillen. Claro, la sociedad ya tiene una casilla bien definida para gente como yo. En todo caso, no seré yo quien se meta por su gusto en ella.

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