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domingo, octubre 02, 2005

Una muerte en la colonia

El lunes pasado nos enteramos de la muerte de mis vecinos, el Chueco Tolentino y su esposa Raquel. Aunque los primeros informes fueron confusos y contradictorios, finalmente pudimos establecer que se mataron en un accidente de carretera, cuando regresaban de México, por venir a exceso de velocidad: una llanta se ponchó, el Chueco, que venía al volante, perdió el control del auto que se fue a estrellar contra un retén, volcándose y causando la muerte instantánea de sus dos ocupantes.


En la privada cundió la consternación, en especial por sus dos pequeñas hijas, que habían quedado al cuidado de la abuela en lo que sus padres iban a México a "arreglar unos asuntos". La primera que reaccionó fue doña Meche, la portera, quien al enterarse de la fatal noticia se hizo presente en la casa de los Tolentino para ofrecer su ayuda "en lo que pudiera ocuparse". Pues la abuela —madre de Raquel— le tomó la palabra y le dejó encargadas a las dos chiquillas en lo que iba a México a hacerse cargo de los trámites para el traslado de los cuerpos, el funeral y el entierro.


Ya sabemos que los trámites, de cualquier tipo, pueden llegar a dilatarse mucho, en especial cuando no hay mucho dinero para engrasar debidamente los engranes de la burocracia. Así que para el jueves, doña Meche vino a verme muy angustiada.


—Es que ya me están saliendo muy gravosas las muchachitas. Estarán muy chiquitas, pero comen como grandes. Además, al pobre Cuico tengo que tenerlo amarrado en la zotehuela porque parece que no las quiere.


El Cuico era el perro que había recogido doña Meche en reemplazo de su nunca bien llorado Rayo Negro.


—Y como anda de malas, el Cuico ya me desgarró varias prendas de ropa interior que tenía ahí tendidas.


Así es, doña Meche no usa calzones ni brasieres, sino "prendas de ropa interior". Un poco por pena con ella y otro poco por solidaridad con las pobres niñas, me ofrecí a recibirlas en mi casa durante el día y darles de comer, en lo que regresaba la abuela.


A mí las chicas no me resultaron tan gravosas como a doña Meche, pues la abuela regresó el viernes por la tarde. Llena de tristeza pero también de coraje, nos relató el viacrucis que supuso el trámite, el cual le fue imposible de culminar. Así, decidió que la cremación se realizara en México y se regresó con las urnas, que pensaba guardar en la cripta de la iglesia. Y este lunes se iba a ir a Puebla con las dos niñas, a instalarse en la casa de su otra hija.


El sábado, la abuela fue a hablar con el padre Néstor para que este domingo oficiara una misa de difuntos antes de guardar las urnas en la cripta. Pero ahí empezaron (o mejor dicho, siguieron) los problemas. La iglesia ya tenía programada una boda para el mediodía y el padre no quiso hacer el oficio de difuntos en la mañana, pues ya estaba la decoración de la boda y "ni modo de cambiarla". Lo más que pudo ofrecer fue dirigir un rosario el sábado en la noche, después de haber guardado las urnas en la cripta.


Perdiendo su buen talante habitual, la abuela le soltó unas palabrotas al padre Néstor, se dio la media vuelta y salió de su oficina azotando la puerta. Lo malo fue que, al llegar a su casa se dio cuenta de que las urnas —de las que no se había desprendido desde que las recibió en el crematorio de México— se habían quedado en la oficina del padre.


Doña Meche y yo recibimos la comisión de ir a rescatarlas, pues la abuela ya no quería tener tratos con "ese desalmado" del padre Néstor, que anteponía una "pinche boda" a las necesidades espirituales de los difuntos.


—Además—musitó—, pa'lo que va a durar ese matrimonio.


En efecto, había serias dudas sobre la viabilidad de la pareja de Elpidio y Justina y las famas que corrían en la colonia aseguraban que sólo el dinero del carnicero era lo que había atraído a Justina a su lado, aunque otras apuntaban al avanzado estado de gravidez que presentaba Justina como justificación de esa unión. Bueno, pero chismes aparte, la abuela ya había decidido irse a Puebla de inmediato para guardar allá las urnas. En su oficina, el padre Néstor nos reiteró la oferta de dirigir el rosario esa noche, pero tuvimos que declinarla, pues la abuela no nos había facultado para negociar en su nombre.


Esta mañana muy temprano acompañamos a la abuela y a las dos niñas a la estación de los camiones. A doña Meche y a mí nos dejó el encargo de desmontar la casa y enviarle sus cosas en cuanto se hubiera instalado en Puebla. Cuando regresamos a la casa a inspeccionarla, lo primero que vimos al entrar fueron las dos urnas sobre la mesa del comedor.


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Es triste perder amigos y más cuando ocurre de modo inesperado.

¿Rayo negro? Qué bonito nombre para una mascota. Me encantaría leer un post que cuente la historia de Rayo Negro.

Que cosas pasan en tu colonia, de muertes inesperadas a romaces por interes, que nos pasa !!!!

Feliz semana.

Una amiga de mi esposa, se casó si..con el carnicero, para que nunca la faltara carne a la mesa. En su casa de joven, escaseaba la comida. Al tiempo..carne nunca la falto..bueno, quizás sí. Están divorciados.

Es dificil perder a las personas que amas. Las historias de este tipo siempre me dejan mal... me encanta tu estilo, sigue escribiendo.

Es dificil perder a las personas que amas. Las historias de este tipo siempre me dejan mal... me encanta tu estilo, sigue escribiendo.

en verdad me gusta la forma en que narras los hechos hasta parece telenovela la neta que si saludosssssssssss

Hola Gina

Primero se va Don Gerundio, y ahora pasa esto, que pena de verdad.

Increible que el Padre Nestor no le haya dado prioridad a una misa de Duelo que a una Boda, pero pienso que es porque dejan mas dinero las bodas, verdad?

Una buena idea para enviar las cenizas seria via Estafeta o DHL no?

Saludos

No te quedes callado

 

¿Quién soy?

  • Yo soy Georgina
  • de Mexico
  • Quisiera ser heteróclita e indefinible: no me gusta que me encasillen. Claro, la sociedad ya tiene una casilla bien definida para gente como yo. En todo caso, no seré yo quien se meta por su gusto en ella.

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