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miércoles, diciembre 07, 2005

Micaela hace feng shui

No sé quien cometió el error de prestarle a Micaela un libro de feng shui. Y, bueno, el verdadero error fue que no calculó que efectivamente lo iba a leer. Y así, el otro día que regresé del mercado, me encontré con que había cambiado de lugar los muebles de la sala.

—Es que se le bloqueaba su chi a la sala—, me dijo a modo de explicación.

El cambio de muebles no estaba tan mal, así que preferí no discutirle y dejar así las cosas. No quise arriesgarme a oírla predicar sobre la importancia del Pa Kua y la disposición de los objetos.

Quizá animada por esto que fue su primer éxito, la semana siguiente Micaela apareció en la casa con un bote de pintura. Estaba convencida de que mis problemas domésticos se debían al arco color rojo de la entrada.

—El rojo es un color muy agresivo y por eso...

Se quedó callada, con un poco de vergüenza, agachando la mirada.

—¿Por eso qué?—, le insistí.

—Ay, seño, es que a veces sí siento malas vibras cuando entro a su casa... no me lo vaya a tomar a mal.

Micaela quería pintar el arco de color salmón, lo que no me pareció mala idea, así que yo misma le ayudé a hacerlo. En treinta minutos habíamos “neutralizado” esa fuente de discordia.

Tengo que confesar que esta moda del feng shui siempre me pareció sospechosa, al igual que todas las ideas orientales que, al pasar por el filtro comercial de Estados Unidos nos llegan teñidas de mercadotecnia y disfrazadas de remedios de todo tipo de mal. Sin embargo, he de reconocer que, al menos los primeros días, sí noté cierto cambio en Micaela, a quien veía de mejor humor y, me da pena cierta pena decirlo, menos atarantada.

Lo que definitivamente no pude permitirle fue lo que propuso semanas después, cuando llegó armada de planos para llevar a cabo una remodelación completa de toda la casa. Según ella, la ubicación del baño estaba haciendo que mi prosperidad literalmente se estuviera yendo por el caño, la cocina era fuente de desgracias de todo tipo y había que cambiar la orientación de varias ventanas para permitir la libre circulación del famoso chi.

El presupuesto que me traía rebasaba varias decenas de miles de pesos y creo que eso encendió la primera señal de alarma.

—¿De dónde sacaste este presupuesto?—, le pregunté tras examinar las varias páginas que lo formaban.

—Me lo dio el profe Ontiveros... él ha estudiado mucho estas cosas. Y me dijo que también puede localizar el “nido del dragón”... ¿sí sabe lo que es? Es donde se juntan sus energías de la tierra y...

—Mira, Mica, para empezar, la casa es rentada y no puedo meterme a remodelarla sin permiso del dueño.

—Pero, es que... el chi...

—Ni voy a gastar miles de pesos que no tengo en algo en que no creo...

—Es que el profe dice que eso se paga solito, con lo que va a ganar después... ¿no ve que tiene que cuidar su prosperidad?

—Será la prosperidad del profe; está cobrando un buen pico por su “consultoría”.

En efecto, ese renglón del presupuesto constituía casi la mitad del total. De pronto me asaltó una idea tan terrible que hubiera preferido no expresar; pero no podía quedarme con esa pregunta:

—Oye, ¿y a ti te da alguna comisión el profe?

Micaela abrió grandes los ojos, sintiéndose descubierta. Pasada la primera turbación, alcanzó a responder.

—Bueno, es de que... o sea, yo vengo a ser algo así como su ayudante, y pues, entonces... o sea de que, pues si es justo que me pague algo, ¿no?

No sé si sentí tristeza o coraje de ver a Micaela reclutada para la causa de la charlatanería con taxímetro. En todo caso, no tenía ni tiempo ni ganas de sermonearla ni, mucho menos, de ponerme a discutir de ética con ella. Con todo, tomé nota mental para reclamarle a Ontiveros la próxima vez que me lo encuentre en la recaudería. No se vale que me ande corrompiendo a mi fuerza de trabajo.


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qué mala onda de esos cabrones que reclutan a personas como Micales para hacer el trabajo sucio.

Para efectos de argumentación sin tanto rollo recomiendo que le comentes que en el programa de Penn&Teller: Bullshit! tuvieron la puntada de llevar a una casa a 3 especialistas en feng shui (por separado). Era hilarante ver que en ningun aspecto del color, ni de la posicion de los muebles, ni de la arquitectura de la casa eran capaces de coincidir lo que confirma la natureleza charlatana del feng shui.

Otra evidencia de los disparates del feng shui que ví en alguna parte del sitio de James Randi consiste en que dos chinitos feng shuilogos quemaron una casa por andar rociándola con no sé que líquido "muy bueno" para el chi (según ellos) pero muy inflamable.

Hay que tener cuidado, con los libros que Micalea, tiene a su alcance...que tal si en lugar de feng shui..encuentra uno de Kung fu, va a llegar tirando golpes por doquier...
Saluditos!

Hola Gina

Ya extrañaba oir noticias de Micaela, veo que sigue siendo tan fresca y candida como siempre, lo que ya no recuerdo es el nombre de su hermana, que tal vez para estas fechas ya la hizo tia, No?

con tu relato me acorde de una muy querida ex-compañera de trabajo, que alguna vez nos puso un cristal (colgado de un hilo ) en el techo de la oficina, ya que con esto se hacia "buena vibra" segun el feng chui.

Por cierto esta querida ex-compañera me aviso que estara visitando Tijuana durante los proximos dias y espero poder ir a saludarla..... y tal vez preguntarle que si cualquier tipo de cristal es bueno para colgar.

Saludos

Saludos Gina

"qué mala onda de esos cabrones que reclutan a personas como Micales para hacer el trabajo sucio". Y cabronas ¿no?

¿Qué hace Micaela para Gina? ¿Lava los trastes, los baños, barre-y-trapea, et cétera? Porque Gina tiene cosas más importantes que hacer ¿no?

Y denuncian su barbarie.

No te quedes callado

 

¿Quién soy?

  • Yo soy Georgina
  • de Mexico
  • Quisiera ser heteróclita e indefinible: no me gusta que me encasillen. Claro, la sociedad ya tiene una casilla bien definida para gente como yo. En todo caso, no seré yo quien se meta por su gusto en ella.

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